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INCINERACIÓN UNA PRÁCTICA PERDURABLE

Presentación realizada por Juan Verda, socio fundador de Mausoleum, empresa fabricante de nichos, osarios y cenizarios, en la ciudad de Querétaro, México, durante la Charla Virtual Remanso, del miércoles 15 de julio de 2020.

Historia de la Cremación

La Cremación es el proceso por el cual se incinera un cuerpo en un horno crematorio por medio de mecanismos de alta temperatura, presión y vaporización que desintegran el cuerpo a sus elementos más esenciales.

En Occidente, la cremación que se practica hoy en día, comenzó hace más de un siglo, después de años de experimentación, cuando en Italia, se perfeccionó un modelo de Horno Crematorio que fue exhibido en 1873. A partir de esa fecha, comenzó a expandirse paulatinamente por el mundo.

Actualmente, la incineración ha cobrado relevancia dado que la gran mayoría de los cementerios y panteones municipales se encuentran saturados debido principalmente a las siguientes razones:

Crecimiento poblacional, que conlleva un mayor número de defunciones en el país. Las tasas de mortalidad van en relación al número poblacional y a la edad, y éstas van en aumento.

• Debido al crecimiento poblacional y de las manchas urbanas, no existen terrenos a precios accesibles ni  con factibilidades de uso de suelo, que el municipio pueda adquirir para continuar con la prestación del servicio.

Ya no es posible ofrecer perpetuidad en cementerios municipales, y muchos usuarios de los mismos, no han querido exhumar los restos de sus seres queridos, limitando con ello el espacio físico de los cementerios para poder seguir ofreciendo éste servicio.

Retraso por parte de la autoridad a hacer cumplir la ley y realizar exhumaciones, de acuerdo a los plazos que la ley permite y que llevan a que las temporalidades, se conviertan en perpetuidades.

Alternativas de Solución:

1.Campañas de exhumación de restos áridos de temporalidades vencidas, que lleven a la desocupación de las fosas y así poder cumplir con la obligación legal y el ofrecimiento del servicio de inhumación a la población.

2.Promoción de la cremación entre la población, de tal manera que el espacio físico de tierra que se requiera, sea el menor posible para continuar prestando el servicio. 3.Instalación de Cenizarios u Osarios dentro de las instalaciones de los cementerios, de tal manera que se ofrezca a los deudos la reubicación de los restos de sus seres queridos de temporalidades vencidas, dentro de las mismas instalaciones del cementerio.

Posición y Regulaciones de la Iglesia Católica

En el año 2016, el Vaticano presentó el documento «Para resucitar con Cristo» acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación, elaborado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, un órgano colegiado de la Santa Sede. El documento está dirigido a los obispos de la Iglesia Católica, pero atañe directamente a la vida de todos los fieles, entre otras cosas porque ha habido un aumento incesante en la elección de la cremación  respecto al entierro en muchos países y es previsible que en un futuro próximo esta sea una práctica ordinaria”.

En este documento se prohíben algunas prácticas ampliamente difundidas en la actualidad entre los católicos, como la conservación de las cenizas en el hogar, esparcir las cenizas del difunto en el mar o usarlas para confeccionar recuerdos.

La Iglesia establece ahora que “cuando razones de tipo higiénicas, económicas o sociales lleven a optar por la cremación, la Iglesia no ve razones doctrinales para evitar esta práctica, ya que la cremación del cadáver no toca el alma«.

“Por supuesto, sabemos que, incluso si la continuidad  material  se interrumpiera, como es el caso de la cremación, Dios es muy poderoso para reconstituir  nuestro propio cuerpo a partir de  nuestra propia alma inmortal, que garantiza la continuidad de la identidad entre el momento la muerte y la resurrección.”.

•Las cenizas, precisa el texto publicado, «deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesiástica competente”.

•La instrucción establece que la conservación de las cenizas en un lugar sagrado ayuda a evitar «la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos, así como prácticas inconvenientes o supersticiosas”.

La cremación y Covid-19

Ante la contingencia que prevalece en el mundo referente a la pandemia del Covid-19, el sector funerario es quien enfrenta una gran responsabilidad para frenar la propagación del virus, ya que ante la creciente cantidad de defunciones, se han tenido que acatar rigurosas medidas de higiene para evitar el riesgo de contagio por las personas fallecidas.

Según informes de la Organización Mundial de la Salud, se establece de manera puntual que para manipular un cadáver, el personal funerario debe usar mascarillas, lentes de seguridad, guantes,  batas, y demás insumos necesarios de protección personal, asegurando así que los fluidos corporales que se filtran de los orificios sean contenidos, que se movilice y manipule el cuerpo lo menos posible, ya que la muerte no significa que el virus haya desaparecido con ella.

•Se establece la limitación y restricción de los familiares para congregarse y velar el cuerpo de manera tradicional.

•Además de recomendar la incineración como disposición final.

Sin embargo, aunque el entierro ha sido la forma más antigua y tradicional de dar sepultura a los familiares, el hecho de optar por la cremación no significa que se deje de vivir el proceso de duelo o que sea impedimento para las familias de crear un sano ritual funerario.

Al incinerar el cuerpo, se puede disponer de un Cenizario, Nicho, o Cripta dentro de un Mausoleo o Recinto Sagrado; lo que le brindará un mayor número de posibilidades a la hora de elegir dónde depositar las cenizas de su ser querido.

•En estos espacios, los familiares podrán acceder para pasar un tiempo de oración y reflexión, de manera ordenada y sin aglomeraciones.

•Lo que representa también un acto de amor de la familia, poniendo a sus seres queridos en un lugar especial, y permitiéndoles un verdadero descanso para toda la eternidad.

Es así, que la cremación resulta una alternativa cada vez más popular para la disposición final de un ser fallecido, entre otras razones por sus costos más económicos en comparación con el entierro tradicional, ya que sus servicios son más simples, y requiere de menores costos en la compra de productos:

No representa gastos de mantenimiento, ni periodos de renovación adicional. En un entierro tradicional, esta renovación obliga a las autoridades a tener que desocupar un lugar para que pueda volverse a utilizar en una nueva inhumación.

Se ocupa menor espacio en Cementerios y Funerarias optimizando el uso de suelo para presentes y futuras generaciones.

Evita contaminación en el cuerpo.

Previene infecciones y contagios, ya que el virus alojado al interior del cuerpo se extingue de manera inmediata, y se eliminan posibles focos de infección.

La Iglesia católica considera permisible la cremación de los restos humanos, pero pide que se mantengan en un lugar de oración y no en casa.

Es un proceso fácil y rápido que sólo tarda unas horas.

A pesar de ser una costumbre muy antigua, la cremación se viene a posicionar como la opción más factible frente a la crisis sanitaria actual, que junto con la restricción de funerales y velorios, ha venido a cambiar la forma de llevar a cabo los servicios de despedida tradicionales.

Es aquí donde el sector funerario debe generar estrategias que le permitan tener oportunidades para adaptarse al cambio; por ejemplo, las funerarias o recintos que han perdido la opción de velar o enterrar a los difuntos por la disposición de realizar la cremación de manera directa, pueden ampliar sus servicios para ofrecer el resguardo de las cenizas en un espacio de Criptas o Cenizarios, que les permita reanudar su negocio para poder satisfacer la demanda ante la pandemia.

Sin duda, y aunque la medida por la contingencia fue obligatoria, el futuro funerario se avecina a mantener la velación de las cenizas en lugar de tener la presencia del cuerpo como ritual de despedida. Una alternativa que al igual que el protocolo funerario tradicional permite expresar el dolor y la tristeza que representa el perder a un ser querido, pues si bien no se puede tener físicamente el cuerpo, el apego que se tiene por las cenizas es el mismo.

Por que la finalidad de la despedida no solamente consiste en decir adiós, sino que constituye además un apoyo social que permite lidiar con la pérdida de manera conjunta, e iniciar el proceso de duelo de manera más fácil y sencilla, acompañados y compartiendo momentos especiales ante el recuerdo del ser amado.

Optar por la incineración es elegir un múltiple beneficio, tanto para los seres fallecidos como para la familia, que podrá visitarlo en cualquier ocasión, realizar celebraciones luctuosas, misas y conmemoraciones con las cenizas presentes dentro del Columbario o Mausoleo.

Disponer de estas medidas, es sin duda compartir la sensibilidad hacia el valor de la vida y el respeto a la memoria. De esta manera, la familia se permite comenzar con el proceso de duelo, celebrando de manera digna la vida de quienes ya partieron, la vida de los que aún están con nosotros y nuestra propia vida.

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