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RESIGNIFICACIÓN DEL RITUAL FUNERARIO

El COVID-19 le está enseñando a las personas no sólo una nueva forma de vivir sino una nueva forma de llorar a sus muertos. Los funerales se han restringido significativamente para minimizar la propagación del virus, lo que a menudo impide que la familia participe en la ceremonia y se despida de sus seres queridos. Con un número limitado de personas autorizadas a asistir a las ceremonias que se volvieron virtuales, las familias deben decir adiós, lo que para muchos se ha convertido en un vacío aún más profundo del que por hecho deja la muerte.

Con estas restricciones, muchos han encontrado formas alternativas de reunir a familiares y amigos, incluido un número creciente de empresas que realizan funerales en línea en plataformas como Zoom, Teams, Facebook, Whatsapp, Youtube, entre otras.

Sin embargo, los psicólogos dicen que no poder celebrar un funeral en la vida real, donde los abrazos, el consuelo y las palabras de aliento son esenciales para sobrellevar la pérdida, puede afectar el proceso de duelo a largo plazo.

«Tendremos que ser inteligentes sobre lo que hacemos», explica la psicoterapeuta Corinne Sweet. «Por lo tanto, es posible que tengamos que tener memoriales más tarde cuando podamos. Puedes llorar en casa mirando álbumes de fotografías o tus recuerdos de Facebook. Permítete llorar y enojarte. Puedes lidiar con tus sentimientos, pero esto va a prolongar el proceso de duelo y hará que sea más difícil porque lo estás haciendo en gran medida solo «.

Es así como, el sector funerario tiene el reto de resignificar el ritual, de repensar nuevas formas de despedir y de simbólicamente ayudar al doliente a vivir este duro proceso.

Los rituales funerarios se conciben como prácticas socio-culturales específicas de la especie humana, relativas a la muerte de alguien y a las actividades funerarias que de ella se derivan tales como velorios, rezos, entierros, cremaciones y edificación de monumentos entre otros y sea cual sea la opción funeraria que se practique, están caracterizados por un elaborado código simbólico sobre la base del cual se construye la realidad social, donde se mezclan costumbres de origen indígena y elementos sagrados de origen español para generar las tradiciones funerarias bajo dos premisas fundamentales: la búsqueda de la vida eterna y la atenuación del dolor que la muerte trae consigo, mientras se espera la tan ansiada resurrección que identifica a los miembros de la cultura que los realiza.

Es así como el funerario debe reemplazar las prácticas actuales por nuevas formas alternativas que mantengan el carácter simbólico, a través de nuevas plataformas o maneras de interactuar.

Hoy en día podemos encontrar en el mercado plataformas como InMemori, una nueva forma de honrar la vida y legado de las personas que queremos despedir a través de una innovadora plataforma digital en la cual se crea una página o perfil en honor al ser querido. InMemori tiene la cualidad de preservar la privacidad, ya que los perfiles no están listados en los motores de búsquedas como Google, de tal modo que las personas pueden acceder únicamente si reciben el link.

Mi Legado Digital es otro proyecto que se ha acercado al sector funerario de la mano de la innovación. Judith Giner, directora ejecutiva de la startup, cambió la venta de seguros de decesos puerta a puerta por el emprendimiento tecnológico. Gratuitamente, las familias acceden a un velatorio digital, compuesto por una biografía y un libro digital conmemorativo. En su caso, la diferencia con respecto a otras iniciativas son los códigos QR. Los envían a los domicilios por si alguien quiere adherirlos a la lápida, el ataúd o la urna. “Acercas el móvil y visualizas todo lo que han compartido».

Y es que el objetivo de todas estas nuevas formas de actuar, no es otro sino el de resignificar el ritual y ayudar a afrontar el duelo, donde a través de imágenes, videos y textos, las familias pueden despedir y hacer un homenaje a su ser querido. Así como ayudas en línea de psicólogos y profesionales especializados en duelo que permiten hablar, desahogarse y expresar el dolor.

Nadie se atreve a ponerle fecha de caducidad a la pandemia, así que cuesta interpretar si esta nueva forma de afrontar el ritual y duelo ha llegado para quedarse, por ahora toca repensar el actuar y continuar sin parar.

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